
Cada 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, una fecha que invita a reflexionar sobre las luchas históricas de las mujeres, los derechos conquistados y los desafíos que aún persisten en la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.
Durante muchos años se difundió una versión simplificada -y en parte errónea- sobre el origen del Día Internacional de la Mujer. Es frecuente encontrar referencias a un supuesto incendio ocurrido en una fábrica textil de Nueva York en 1908, donde habrían muerto trabajadoras y que habría dado origen a esta conmemoración. Sin embargo, ese relato, tal como suele contarse, no es correcto.
Lo que sí es históricamente comprobable es que, durante las primeras décadas del siglo XX, especialmente en Estados Unidos, las mujeres trabajadoras protagonizaron importantes huelgas y manifestaciones. Sus reclamos incluían mejores condiciones laborales, salarios dignos, jornadas de trabajo más cortas y derechos básicos que les permitieran conciliar el trabajo con la maternidad, como el tiempo para amamantar a sus hijos.
También es cierto que existió un incendio trágico: el de la fábrica Triangle Shirtwaist, ocurrido el 25 de marzo de 1911, en el que murieron 146 trabajadoras atrapadas debido a condiciones laborales inseguras. Este hecho no dio origen al Día Internacional de la Mujer, pero se convirtió en un símbolo de las profundas desigualdades e injusticias que atravesaban la vida laboral de las mujeres.
Según explica la historiadora Florencia Plomer, la confusión sobre el origen de esta efeméride se debe, en gran medida, a una falta de interés histórico por investigar y recuperar el protagonismo de las mujeres en los procesos sociales y políticos. Esta desatención permitió que versiones incompletas o erróneas se reprodujeran durante décadas.
La fecha del 8 de marzo encuentra su origen más preciso en la Revolución Rusa de 1917. En ese contexto, mujeres rusas salieron a las calles para protestar contra los estragos de la Primera Guerra Mundial, el hambre y las condiciones de vida, y para exigir derechos políticos, entre ellos el sufragio femenino, que finalmente lograron.
Estas movilizaciones ocurrieron el 23 de febrero de 1917, según el calendario juliano que utilizaba Rusia en ese momento. Debido a la diferencia entre ese calendario y el calendario gregoriano de uso internacional, esa fecha corresponde al 8 de marzo actual.
Plomer señala que la confusión histórica se produjo a partir de una doble invisibilización: por un lado, el desinterés en recuperar la historia de las mujeres en general, y por otro, el ninguneo específico de la lucha de las mujeres rusas y su papel central en un acontecimiento histórico de alcance mundial.
Recién en 1975, las Naciones Unidas reconocieron oficialmente el Día Internacional de la Mujer, consolidando esta fecha a nivel global.
Hoy, el 8 de marzo no solo recuerda las luchas y tragedias del pasado. Es una oportunidad para reconocer a las mujeres como sujetas históricas, visibilizar a aquellas cuyos nombres no siempre aparecen en los libros y reafirmar la importancia de la memoria colectiva.
Desde la Oficina de la Mujer, esta fecha invita a reflexionar sobre los derechos conquistados y sobre los desafíos que aún persisten en materia de igualdad, inclusión y erradicación de las violencias por motivos de género.
Conmemorar el Día Internacional de la Mujer es reafirmar un compromiso sostenido con la construcción de una sociedad más equitativa, donde la historia se cuente de manera completa y donde los derechos sean garantizados para todas las personas.